La octava etapa, el sábado 8 de septiembre, supondrá la primera gran oportunidad para los contrarrelojistas. Y, además, será una oportunidad ideal para los verdaderos especialistas, puesto que la distancia de 52 kilómetros resulta magnífica para que los rodadores puedan marcar distancia respecto a los escaladores.
La jornada saldrá desde Cariñena y finalizará en Zaragoza en un perfil ligeramente descendente y en una etapa que rompe la tendencia habitual: salida y llegada de la crono en la capital aragonesa. También será importante ver cómo sopla el viento. Si es frontal, habrá muchas más diferencias entre los favoritos. Si sopla en la dirección de la carrera, los escaladores tendrán un clavo al que agarrarse.
Antecedentes: Cariñena nunca ha acogido una salida de etapa de la Vuelta, algo de lo que Zaragoza puede presumir como muy pocas ciudades de España. En la capital aragonesa incluso tienen antecedentes en las cronometradas. Y no pocos. Hasta en siete ocasiones ha habido una contrarreloj en Zaragoza. La última, en 2003 y con Isidro Nozal como triunfador en una Vuelta en la que el cántabro sólo cedería el jersey oro en la cronoescalada de Abantos.
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