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Diseño, desarrollo, mantenimiento
Segovia     
Enebral de Hornuez


Descripción:

Existen varios bosques ancestrales en nuestro país, pero es seguramente el bosque de enebros que crece en los alrededores de Moral de Hornuez, Villalvilla de Montejo y Valdevacas de Montejo uno de los más longevos. Una verdadera reliquia botánica con árboles de varios siglos de antigüedad la que crece en este rincón de la provincia segoviana.

El enebral ha sido siempre un lugar predilecto para el pastoreo por la sombra que proporciona y los ricos pastos que crecen a los pies de los enebros. Durante la trashumancia era un lugar de paso frecuente para las ovejas merinas camino de Extremadura. Cuenta la leyenda que una noche del año 1246, unos pastores trashumantes que estaban descansando de su agotador jornada bajo los enormes enebros, intentaron encender una hoguera para combatir el frío una y mil veces sin conseguir prender el tronco de un enebro. Desesperado uno de los pastores alza la vista como buscando una explicación y encuentra una preciosa imagen resplandeciente. En el lugar se erigió una ermita en honor a la Virgen del Milagro, cuya imagen original se perdió en un incendio en 1697. En torno a la ermita existe un hoy día una romería (último domingo de mayo) y una cofradía milenaria.

Para conocer este singular bosque de enebros, que en los alrededores de la actual ermita barroca alcanzan un gran porte, existen diferentes pistas, senderos y caminos que llevan hasta el lugar desde los pueblos de los alrededores.

Para llegar hasta esta gran ermita, comenzamos la ruta en el pueblo de Carabias. En la parte baja del pueblo, cerca del arroyo, se encuentra la iglesia de San Juan Bautista, el monumento más destacado de este pequeño núcleo de población que significa “lugar pedregoso” y cuyos principales valores son sin duda el monte de su entorno, por el que nos adentraremos, y la existencia de algunos manantiales.
Desde la iglesia, donde ponemos el cuentakilómetros de la bici a cero, salimos a la carretera que lleva a Cedillo de la Torre. Nada más coger esta carretera encontramos a la izquierda, antes de la subida, una entrada ancha a una pista de tierra (km. 0’5). La pista es muy ancha y con buen firme durante todo el trayecto hasta llegar a Moral de Hornuez y transcurre por terrenos cinegéticos abiertos de monte bajo durante la primera mitad del recorrido con la única posible confusión de cruces de caminos en los puntos (km. 0’8 y 1’5); en el primer caso seguimos por la derecha y en el segundo por la izquierda, siguiendo siempre el camino principal.
La segunda parte de esta pista atraviesa un bonito encinar de árboles jóvenes en el que los conejos se cruzarán raudos una y otra vez ante nosotros. Aparece luego el borde de un pinar y algunos chopos de gran tamaño. En los árboles más altos es frecuente ver milanos posados o revoloteando bajo sobre nosotros. También abundan los cernícalos, rabilargos, arrendajos, grajillas, urracas y alcaudones.
En el km 5’8 la pista se convierte en asfalto. Estamos en las inmediaciones de Moral, al que entramos por su parte más alta disfrutando del enclave donde se asienta el pueblo, en el fondo de un pequeño barranco, y de las buenas vistas sobre la extensión de pinos en la que se encuentra la ermita, en la ladera de nuestra izquierda.
Callejeando un poco por este tranquilo pueblecito de buenas bodegas salimos al arroyo, lo cruzamos por la carretera y pedaleamos un kilómetro hasta el cruce de la ermita. Bien indicada, una pista de tierra se adentra en el pinar en busca de la soledad del paraje donde hace varios siglos tuvo lugar la aparición. Poco a poco los pinos van dejando protagonismo a los enebros, que alcanzan portes impresionantes. Un kilómetro más adelante, tras cruzarnos con algún rebaño de merinas que nos trae a la mente el ambiente trashumante en el que sucedió el milagro de Hornuez, llegamos por fin a la ermita (km. 9); un edificio de grandes proporciones, rodeado de gigantescos enebros y en cuyos alrededores se ha acondicionado un área recreativa a la que los vecinos gustan de acudir para disfrutar de la belleza del lugar. Un paraje bonito y rodeado sin duda de un halo mágico.

 

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