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Descripción:
Vuelta en btt al Macizo Central de los Picos de Europa
"...Hemos grabado la imagen de esas montañas
en muchas obras de metal y de piedra, y en muchas canciones
e historias. Se alzan muy altas en nuestros sueños..."
(J.R.R. Tolkien, "El Señor de los Anillos")
Decir que he hecho esta ruta por los Picos de Europa porque
están ahí, utilizando la famosa frase
de Mallory, no deja de ser un tópico; pero no por ello
es menos cierto. Como también es cierto que, desde
hace ya muchos años, sus cumbres, sus valles, sus ríos...
me tienen cautivado. Cuando sueño con montañas
no lo hago con lejanos colosos, no; cuando sueño con
montañas, son los Picos de Europa los que se alzan
en mis sueños.
Al contrario que en otras rutas que he realizado, en esta
no he puesto una atención especial en la realización
de un rutómetro ni en ser especialmente
preciso en la anotación de las distancias. No he tenido
en cuenta pequeños desvíos para tomar una foto,
acercarme a una fuente o recorrer las calles de un pueblo.
Pero tal falta de precisión se explica porque ésta
es una ruta en la que es prácticamente imposible despistarse.
Normalmente nos encontraremos con que hay un sólo camino
que seguir y, en caso de desviaciones, los mapas son lo suficientemente
claros.
Mirador de Piedrashitas. Según nos acercamos a Posada
de Valdeón, admiramos el Macizo Central en su esplendor.
Km. 0.00 (930 m.) Salimos de Posada de Valdeón con
dirección a Caín por el PR-LE.7.C, la Ruta de
la Ermita de Corona.
También podríamos llegar a Caín siguiendo
la carretera, pero de esta forma nos evitamos al menos unos
kilómetros de asfalto.
El Sendero lo empezamos dejando la Casa Consistorial de Posada
a la izquierda, bajando por una calle por la que llegamos
enseguida a un pequeño puente sobre el río Cares.
Una vez cruzado el puente giramos a la derecha y enfilamos
un agradable camino flanqueado de vegetación. Por la
derecha dejamos un pequeño embalse casi nada más
salir de Posada, el pueblo de Los Llanos y, más adelante,
Cordiñanes.
Durante casi 3 Km. el camino es llano, en ligera bajada; sólo
cuando nos acercamos al Mirador del Tombo la pendiente aumenta
en un divertido (aunque corto) descenso.
Mirador de El Tombo. Vale la pena empezar pronto la ruta.
Hay amaneceres que tienen magia (haz click para ampliar)
Km. 3.38 (830 m.) En el Mirador del Tombo la estatua de un
rebeco, símbolo de los Picos, saluda nuestra llegada.
La vista desde aquí es espectacular: no muy lejos,
hacia el norte, se abre la Ruta del Cares encajada entre las
montañas, y si hemos salido pronto y el sol apenas
a comenzado a despuntar, el juego de luces y sombras del amanecer
sobre las rocas será un premio añadido.
En el Tombo sí que tenemos que tomar la carretera
que lleva a Caín, y con mucho cuidado: el estado del
firme es pésimo, con muchos baches, la pendiente es
bastante fuerte, sobre todo en las primeras curvas, y tampoco
es raro encontrarse con un coche, o lo que es peor, con un
todo-terreno (¡con lo que ocupan!).
A unos 2 Km. del Tombo, al lado izquierdo de la carretera,
encontramos el Chorco de los Lobos, un cercado de piedras
en forma de embudo utilizado antiguamente para cazar lobos.
La carretera sigue hacia Caín, siempre en mayor o
menor descenso, siempre pegada al Cares, normalmente por la
orilla izquierda, aunque en un pequeño tramo, casi
al final, iremos por la derecha.
Km. 9.16 (450 m.) Llegamos a Caín, último pueblo
de León y puerta de entrada a la Ruta del Cares. Caín,
como gran parte de los pueblos de esta zona, ha perdido parte
de su identidad con el paso de los años; pero el lugar
en el que se encuentra es tan maravilloso que casi se puede
perdonar cualquier cosa. Además, cuando hice esta ruta
(Junio de 2000) estaban de reformas: empedrando
las calles, arreglando algunas casas, etc.
Varios carteles nos guían hacia el principio de la
Ruta del Cares. Nada más salir de Caín por un
estrecho sendero llegamos a un puente por el que cruzamos
un pequeño embalse. Y allí delante, a no más
de doscientos metros, empieza la Garganta del Cares, la
Divina, tan estrecha que se diría que la roca
ha sido cortada con un cuchillo. Volvemos a cruzar el río,
esta vez sobre el muro del embalse, y entramos en la zona
de los túneles tallados en la roca viva. Son muy bajos,
el suelo irregular está permanentemente húmedo
y la visibilidad es mínima (sobre todo a primeras horas
de la mañana)... conclusión: es mejor apearse
y recorrerlos andando.
Un poco más adelante volvemos a cruzar de nuevo el
Cares; primero de izquierda a derecha por el Puente de los
Rebecos, para luego volver a la margen izquierda, que ya no
abandonaremos, por el Puente Bolín. Sólo un
kilómetro más atrás, en la presa de Caín,
estábamos a la misma altura que el río; ahora,
en cambio, circulamos por un sendero poco más ancho
que el manillar de nuestras bicicletas y a una altura realmente
respetable. Hay que extremar las precauciones: cualquier despiste,
cualquier maniobra extraña puede acabar en tragedia;
y esto no es ninguna exageración.
Km. 12.91 (440 m.) Cruzamos entre los restos de una antigua
cancela en medio de un pequeño túnel excavado
en la roca: es la divisoria entre León y Asturias,
nuestro primer cambio de provincia.
El camino ha ido mejorando muy ligeramente, el firme sigue
sin ser muy bueno, pero al menos es algo más ancho.
También el paisaje va cambiando: la Garganta es ahora
menos angosta, y podemos apreciar mejor la altura de las montañas
que nos rodean; estamos a unos 400 metros, pero ahí,
casi a nuestro lado, varios picos pasan con holgura de los
2.000 metros. Estamos en terreno de cabras y rebecos. Y allí
abajo, puede que a cien metros o más, el Cares, cada
vez más rápido, cada vez con más agua.
Y también tendremos agua a nuestro lado, pues el canal
de la Eléctrica del Viesgo nos acompañará
durante gran parte de la Ruta del Cares. Un agua limpia, fría,
un regalo para los días de calor; pero cuidado con
la corriente: es muy fuerte.
Las Cuestas Divinas. La única dificultad seria de
la Ruta del Cares. Una idea de lo que nos espera más
adelante. (haz click para ampliar)
El camino, aunque con algún que otro pequeño
repecho, es siempre en ligera bajada. Bueno, al menos es así
hasta que llegamos a las Cuestas Divinas, a poco más
de 3 kilómetros de Poncebos. Es apenas un kilómetro
de subida hasta llegar a Los Collados, y el desnivel que hay
que vencer no llega a los cien metros; pero el mal estado
del terreno dificulta mucho la subida. Cuando llegamos a las
ruinas de unas casas comenzamos a bajar; y si el camino era
malo para subir, la bajada es peor: una trialera de más
de un kilómetro, con tramos donde encontraremos auténticos
escalones tallados en la roca; y además, a la dificultad
de la bajada hay que unir que el número de caminantes
con los que nos cruzaremos es cada vez mayor. El camino es
estrecho y hay que compartirlo, echar pie a tierra y facilitar
el paso de los que vienen andando es una forma muy fácil
de quedar bien.
La bajada termina un poco más adelante del Puente
de la Jaya, desde donde parte el sendero que llega a Bulnes.
De aquí a Poncebos hay algo más medio kilómetro,
ya todo por asfalto.
Km. 20.26 (218 m.) Es tradición que la Ruta del Cares
se acabe (o empiece, según se mire) en Puente Poncebos;
pero en nuestro caso no será así, nos desviaremos
unos 300 metros antes, tomando la carretera que lleva a Sotres
cruzando el Cares por el Puente Torbanes, donde desemboca
el Duje. Nada más cruzar el puente podremos ver uno
de los extremos del túnel del funicular de Bulnes,
una obra ciertamente polémica a la que muchos acusan
de ser un atentado contra los Picos.
La carretera, que sube siempre pegada al río, tiene
las rampas más duras en las dos curvas cerradas del
principio, para luego suavizarse ligeramente; pero, aun así,
la pendiente media a lo largo de varios kilómetros
se mantendrá cercana al 8%. Por suerte, el asfalto
es bueno y no tiene mucho tráfico; los únicos
lugares en los que hay que tener algo más de precaución
es en los túneles de los tres primeros kilómetros.
Km. 25.91 (670 m.) Pasamos por Tielve. Poco antes de entrar
en el pueblo hemos dejado por la derecha un precioso puente
de piedra y un antiguo molino, casi cubiertos por la vegetación.
En Tielve podemos ver lo mismo que ya vimos en Caín,
e incluso en Posada: casas antiguas, algunas reformadas, junto
a otras más modernas de dudoso gusto; por suerte, se
nota en las últimas construcciones una mayor preocupación
por intentar recuperar cierto estilo montañés,
seguramente no autóctono de estas tierras, pero al
menos mucho más agradable a la vista que unas simples
paredes de cemento.
Una vez pasado Tielve la carretera comienza a girar hacia
el sur. Se agradece el que la pendiente media disminuya algo,
hasta un poco menos del 6%; pero por contra, y dada la dirección
que llevamos, tendremos al sol de cara y con muy pocas sombras
que nos protejan.
El valle se va abriendo según subimos, la sensación
de ir encerrados entre paredes de roca desaparece, el paisaje
entero se ensancha. A nuestra derecha el río Duje discurre
ahora a casi cien metros más abajo, y sobre él
se levanta la Peña de Maín, una masa rocosa
separada del resto Macizo Central por el Collado de Pandébano
y el angosto valle del río Bulnes.
Km. 30.86 (935 m.) Llegamos a una curva hacia la izquierda,
muy cerrada y en fuerte subida; por ahí se va a Sotres,
pero nosotros tenemos que abandonar la carretera en este punto
y seguir por la pista que sale de frente en una suave bajada.
A nuestra derecha, al otro lado del río, podremos
ver la pista que sube en zigzag desde los Invernales del Teju
hacia el Collado de Pandébano. Poco después
pasamos junto a los Invernales de Cabao, desde donde el camino,
poco a poco, comienza de nuevo a ascender. La pista es ancha
y está en buen estado, las frescas aguas del Duje fluyen
de nuevo a nuestra altura, sobre nosotros se levantan picos
de más de 2.000 metros..., todo ello hace que este
sea un tramo que hay que disfrutar.
Km. 34.28 (1.060 m.) Tras cruzar las someras aguas del Duje,
y al pie del Pico Escamellau, están las Vegas del Toro,
una de las más importantes majadas de los Picos. Conviene
que nos refresquemos y cojamos agua en la fuente cercana,
pues a partir de aquí nos esperan un tramo muy duro:
la subida a los Puertos de Áliva.
En cuanto dejamos atrás las Vegas del Toro el camino
empeora bruscamente: se hace más estrecho, hay mucha
piedra suelta y, además, el desnivel aumenta considerablemente
(en poco más de un kilómetro subiremos más
de 200 metros).
En plena subida volvemos a cruzar el Duje por un pequeño
puente de piedra, que antaño no era más que
un vado, el Bau Jurniello. A partir de aquí iremos
siempre por la margen izquierda del río, pero cada
vez más lejos y más altos, por lo que ya no
nos será posible refrescarnos en sus aguas.
La subida sigue siendo dura, áspera, de esas que nunca
se dan acabadas.
Así llegamos al mojón que desde antiguo se
llama Piedra Llé, junto a la Raya Provincial, la divisoria
entre Asturias y Cantabria. Pasamos por una cancela abierta
en una cerca de alambre que asciende desde los dos lados del
camino: por la derecha sube por las laderas del Pico Escamellau,
por la izquierda lo hace por las del Pico Cortés. Esa
cerca no deja de dar una sensación de inutilidad; de
acuerdo, puede que su razón de ser sea la de limitar
los movimientos del ganado, pero sigue pareciendo que alguien
a querido poner puertas al campo. No hay allí
ninguna garita, y tampoco guarda al que tengamos que dar razón
de a donde vamos. Sólo es una valla que tiene una puerta
que hace muchos años que no ha sido cerrada.
Ya en Cantabria comenzamos a remontar la Llomba del Toro,
una antigua morrena glaciar que divide el valle en dos como
si se tratase de una cuña. A lo lejos, camino arriba,
podemos divisar el Castillo de la Llomba, que no es tal castillo,
ni ningún otro tipo de construcción hecha por
los hombres, sino una enorme roca que el hielo empujó
hasta allí en tiempos remotos.
Cuando llevamos recorrida aproximadamente la mitad de la
Llomba hay que estar atentos, pues un pequeño sendero
sale por la izquierda hacia la zona de pastos que podemos
ver más abajo, las praderías de Campo Mayor.
Se agradece circular otra vez por terreno más o menos
llano, por un camino de tierra en lugar de por otro lleno
de piedras. Eso sí, no estaremos solos... centenares
de cabezas de ganado pastan en estos prados: ovejas, caballos,
vacas, alguna cabra; al principio causa un poco de respeto
pasar a su lado, pero pronto nos daremos cuenta de que para
ellos no somos más que una curiosidad, un extraño
animal que tiene ruedas en lugar de patas.
Km. 38.85 (1.480 m.) Tras una suave curva a la izquierda
para rodear la loma llamada Mesa Bajera, aparece ante nosotros
la Ermita de la Virgen de la Salud, más conocida como
la Santuca de Áliva. Hacia el oeste se levantan
las grandes paredes de roca de Peña Vieja y Peña
Olvidada y hacia el este las cumbres, algo más modestas,
del Macizo de Ándara.
Desde la ermita el camino sigue siendo llano. Medio kilómetro
más adelante dos pistas llegan casi juntas por nuestra
derecha; una viene de la Llomba del Toro, y la otra lo hace
desde algunos de los lugares más significativos de
esta zona de los Picos: el Chalet Real, el Refugio Toño
Odriozola y la estación superior de El Cable.
Con el camino ya en descenso llegamos a las Portillas del
Boquejón, una cancela en un estrecho paso natural,
casi un embudo entre el Macizo Central y el Oriental por el
discurren las aguas del río Nevandi.
Km. 42.06 (1.280 m.) Por un camino con una inclinación
cada vez mayor, llegamos a los Invernales de Igüedri.
La belleza del paisaje que se puede contemplar desde aquí
bien merece el que hagamos una pequeña parada y que
aprovechemos, además, para refrescarnos en la fuente
próxima.
Abajo, mirando hacia el sur, se abre el valle por el que
discurre el río Deva, eje de la comarca de La Liébana.
Y más allá del valle se levantan el Coriscao
y el Escaño, los Puertos de Salvorón, el Collado
de Somo... Pero sin duda lo más espectacular de este
lugar sea el Pico Valdecoro, un espolón de roca que
se eleva vigilante sobre los invernales.
A partir de aquí el descenso aumenta considerablemente,
con desniveles que en algunos lugares sobrepasan el 25%. El
firme del camino es bastante bueno, de tierra y piedras no
muy grandes, aunque algunas huellas de todo-terrenos pueden
resultar peligrosas. Durante la bajada el paisaje desaparece,
todo nuestro horizonte se limitará a unos pocos metros
por delante de nosotros; en más de una ocasión
parecerá que la rueda trasera de nuestra bicicleta
quiere tomar el puesto de la delantera.
Km. 45.08 (875 m.) Llegamos a Espinama, un pueblo encajado
entre el valle del río Nevandi y el Deva. El camino
por el que hemos descendido se convierte en una estrecha carretera
que gira suavemente a la derecha hasta llegar a la N-621.
Hacia la izquierda esta carretera lleva a Potes, Santander
y, pasando por el Puerto de San Glorio, a León; nosotros
tenemos que cogerla hacia la derecha, en dirección
a Fuente Dé.
La carretera, siempre en ascenso, es buena, con un arcén
aceptable; pero Fuente Dé es un sitio muy concurrido,
y el tráfico de coches y autocares puede llegar a ser
intenso.
Km. 48.69 (1.075 m.) Uno no puede dejar de sentirse impresionado
al llegar al circo glaciar de Fuente Dé, de sentirse
pequeño ante desniveles casi verticales que llegan
a superar los mil metros, como los que hay hasta la cima de
Peña Remoña, el pico que domina el circo.
El Teleférico de Fuente Dé, habitualmente conocido
como El Cable, es sin duda el mayor atractivo
turístico del lugar; construido entre 1963 y 1966,
salva un desnivel de casi 800 metros en poco más de
un kilómetro de recorrido.
Pasamos entre un hotel y el Parador Nacional siguiendo la
carretera asfaltada, que luego empieza a subir hacia la izquierda,
rodeando la estación inferior de El Cable. Cuando termina
el asfalto, allí donde un desvío a la izquierda
lleva al camping, sale de frente una pista forestal, paso
tradicional entre La Liébana y Valdeón.
La primera parte de la subida no se hace muy dura, sobre
todo porque al ir entre árboles es algo más
amena. Pasamos al lado de los Invernales de las Berrugas y
seguimos ascendiendo hasta que, a unos dos kilómetros
de Fuente Dé, llegamos a una bifurcación; el
camino de la izquierda lleva a los Puertos de Somo, pero nosotros
seguiremos por la pista principal, la de la derecha, sobre
las laderas de Peña Remoña.
A partir de aquí la subida se hace más dura,
el desnivel aumenta ligeramente y el camino empeora. Hasta
que la pista no gira hacia el sur, atravesando varios arroyos
que bajan de los Altos de Valdeón por la Majada de
Valcavao, no tendremos respiro.
En esta zona, en la que por tres veces cruzamos la divisoria
Cantabria-León, podremos disfrutar de tramos llanos,
incluso de algún pequeño descenso que nos permitirá
recuperar fuerzas para los últimos repechos.
La subida empieza de nuevo con una curva muy cerrada que
nos deja en un largo tramo de pista, de no mucho desnivel,
sobre la ladera del Alto de la Triguera. Ya sólo nos
quedan por subir las dos curvas en horquilla que se ven cada
vez más cerca, las últimas antes de llegar al
punto más alto de la ruta.
Km. 57.33 (1.778 m.) Llegamos a la Horcada de Valcavao, la
parte dura de la ruta ha terminado, ahora podemos empezar
a divertirnos de verdad. Por la derecha sale un camino hacia
los Altos de Valdeón, y por la izquierda una pista
en bajada que es la que tomaremos. Es un descenso cómodo,
por una pista en buenas condiciones y con un desnivel que
no es excesivo.
Km. 61.44 (1.562 m.) La pista desemboca justo en el alto
del Puerto de Pandetrave, uno de los dos accesos por carretera
del Valle de Valdeón (el otro es por el Puerto de Panderruedas).
La carretera la tomaremos hacia la derecha, camino de Santa
Marina de Valdeón y Posada. Se puede bajar muy rápido,
pero teniendo en cuenta que nos encontraremos con algunas
curvas muy cerradas que nos obligarán a hacer un buen
uso de los frenos.
Km. 68.12 (1.150 m.) Pasamos por Santa Marina de Valdeón,
un pequeño pueblecito en pleno descenso. Aquí
hay que moderar la velocidad si no queremos llevarnos (o dar
a otros) un buen susto. Hasta Posada el desnivel del descenso
se mantiene, pero hay muchas menos curvas, y las que hay no
son muy cerradas. Nos queda todavía pasar por Prada,
unas pocas casas a ambos lados de la carretera; y lo dicho
al Pasar por Santa Marina también vale aquí:
precaución, ya no tenemos prisa ninguna.
Dejamos atrás Prada...
Km. 71.56 (930 m.) ...y llegamos a Posada de Valdeón,
principio y final de nuestra ruta.
Texto y fotos: Juan M. Villa Álvarez
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